Cosechando Libertad: Un sistema alimentario regenerativo y emancipatorio para un nuevo Puerto Rico

Texto
Katia Avilés-Vázquez,
Instituto para la [Investigación y Acción en] Agroecología

Ivette Perfecto,
Universidad de Michigan

Carol Ramos-Gerena,
Universidad de Buffalo, y 

Warys Zayas,
Hispanic Federation*

Arte
Sharon N. González / Colectivo Moriviví

 

Cosechando Libertad:  Un sistema alimentario regenerativo y emancipatorio para un nuevo Puerto Rico

* Este documento está basado en un proceso de visión agroalimentaria en el que participaron: Arturo Massol, Casa Pueblo; Camille Collazo, VisitRICO; Héctor Collazo, Comisión de Agricultura del Colegio de Abogados y Abogadas de PR; Ana Elisa Pérez, La Colmena Cimarrona; Ian Pagán, Proyecto Agroecológico El Josco Bravo; Juan Rosario, amaneSER 2025; John Vandermeer, Iniciativa del Sistema Alimentario Sostenible, Universidad de Michigan en Ann Arbor; Robinson Rodríguez, Sociología Rural, Universidad de Puerto Rico en Mayagüez; Olgaly Ramos y Mariangie Ramos, Universidad de Puerto Rico en Utuado; Nelson Álvarez y Jesús Vázquez, Organización Boricuá de Agricultura Ecológica; Marissa Reyes, El Puente-ELAC y Colectivo Agroecológico Güakiá; Giomara L’Quay, AgroCocina; Tara Rodríguez Besosa, Departamento de la Comida; José Miguel Pacheco TAIS; Nelson Álvarez, Cooperativa Orgánica Madre Tierra 

DESAFÍOS ACTUALES Y FUTUROS DEL SISTEMA ALIMENTARIO

A finales del siglo XIX, el paisaje  puertorriqueño estuvo dominado por la producción de café y tabaco. A principios del siglo XX, la vista cambió para acoplarse a los intereses en la caña de azúcar de los Estados Unidos. Estos sistemas económicos de producción agrícola dejaron un paisaje explotado y desconectado del potencial para alimentar a nuestra gente. En la década de 1950, “Operación Manos a la Obra” cambió la economía del país de una agrícola a una industrial, generando una ilusión de prosperidad y modernidad, a cambio de desarraigar a las familias de la tierra y desarticular las comunidades rurales. La agricultura familiar a pequeña escala se desincentivó, y Puerto Rico comenzó a depender casi por completo de alimentos importados. Los subsidios del gobierno federal en forma de cupones de alimentos –que sólo podían utilizarse en las nuevas cadenas de supermercados– erosionaron la conexión entre consumidores y productores. Este punto de inflexión convirtió a Puerto Rico en un lugar que produce lo que no puede consumir, y consume lo que no puede producir (Mintz, 1985, citado en Guptill, 2008). Posteriormente, la proliferación de alimentos rápidos transformó aún más la dieta y los hábitos alimentarios, en detrimento de la salud de la población, ahora plagada de una cantidad desproporcionada de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, cáncer y problemas cardiovasculares. 

En el sector agrícola, el desarrollo se enfocó en la producción agroindustrial a gran escala, favoreciendo grandes monocultivos y generando una pérdida de agricultorxs constante desde que inició el censo agrícola en 1910. La contribución de la agricultura al PIB pasó del 36 por ciento en la década de 1950, a menos del 1 % en la actualidad. Hoy día, se estima que más del 85 % de los productos alimentarios consumidos en Puerto Rico provienen del exterior. En 2014, Myrna Comas, entonces secretaria de Agricultura, intentó revitalizar el sector agrícola para mejorar la seguridad alimentaria. Desafortunadamente, la mayoría de los programas de incentivos estaban dirigidos a la producción agroindustrial. Esta estrategia dejó fuera a lxs pequeñxs agricultorxs que producen alimentos para el consumo local, y no pudo generar las economías de escala esperadas en la producción local.   

Los huracanes del 2017 generaron tasas de emigración que igualaron en par de años, la pérdida de población de décadas pasadas. A principios del 2020, un enjambre de terremotos causó daños estructurales significativos en el suroeste de la isla grande; condujo al ausentismo de obrerxs agrícolas y profundizó la migración agrícola. Poco después, con la pandemia global del COVID-19, los mercados de agricultorxs fueron prohibidos, y sólo las actividades de distribución de alimentos en los supermercados estuvieron exentas de las estrictas multas por toque de queda. Las actividades relacionadas a la preparación de tierras y las ventas informales fueron fuertemente multadas o procesadas debido a la falta de comprensión general que tienen lxs funcionarixs gubernamentales sobre la producción de alimentos.

Las estadísticas agrícolas más recientes (Censo, 2018) revelan una profundización de las tendencias pasadas, incluyendo: el envejecimiento de lxs agricultorxs convencionales, con una edad media de 60.6 años; y una consolidación de la tenencia de terrenos agrícolas, con un aumento del 33 % en el tamaño medio de las fincas, que ha llevado a que 4 % de lxs agricultorxs controlen el 40 % de la tierra. Según el Centro Climático del Caribe (Gould et al., 2015), un total de 215,000 –del total aproximado en producción de 487,775– cuerdas están en los llanos costeros, amenazadas por el aumento en el nivel del mar y la salinización de sus principales fuentes de agua (Junta de Planificación, 2015). A la vez que el gobierno amarró los incentivos agrícolas al volumen total de ventas, más del 55 % de las fincas registraron valores de venta inferiores a 10 mil dólares al año. Esta nueva estrategia, pensada para resolver el problema de tierra agrícola en desuso, termina beneficiando a las grandes corporaciones biotecnológicas y proyectos de energía renovable en tierras agrícolas, en detrimento de lxs agricultorxs. 

LA TRANSICIÓN AGROECOLÓGICA PARA PUERTO RICO

En medio de toda esta devastación y sufrimiento, una nueva forma de vivir con y desde la tierra se está haciendo visible y demostrando ser resistente. Los huracanes pusieron al descubierto la vulnerabilidad de las islas al cambio climático y la inseguridad alimentaria, así como la incapacidad del gobierno para responder. La pandemia puso en relieve las desigualdades en un sistema alimentario que favorece a las grandes cadenas de supermercados y a los grandes productores comerciales sobre lxs pequeñxs agricultorxs locales. Pero, los huracanes y la pandemia también visibilizaron la cultura de solidaridad y comunidad que el colonialismo estadounidense no ha sido capaz de asimilar. Luego del huracán se expandió la tradición de reunir brigadas de recuperación en fincas como herramienta para la reconstrucción y la sanación. Las personas organizaron centros de apoyo mutuo en sus comunidades para generar alternativas endógenas para la autosuficiencia. Nuestra cultura y tradiciones han sido nuestros medios de resistencia al colonialismo y al capitalismo de desastre. Los cultivos de raíces y legumbres –alimentos básicos de la dieta puertorriqueña antes de la industrialización– fueron esenciales en la supervivencia post María y están ganando popularidad a medida que se crean nuevas recetas que combinan la cocina tradicional con sabores innovadores. 

Jóvenes agricultorxs agroecológicxs, educadorxs, y chefs están trabajando hacia un sistema alimentario más justo y regenerativo. Puerto Rico está listo para un cambio histórico, partiendo de la integración de un paisaje gastronómico basado en la comunidad, centrado en la tierra, resistente al cambio climático, y que sane la tierra y nutra a las personas en cuerpo y alma. La Escuela de Agroecología El Josco Bravo ha certificado más de quinientxs nuevxs productorxs y promotorxs agroecológicxs, la UPR de Utuado comenzó un Bachillerato en Agricultura Sustentable, y proliferan los mercados de venta directa. El desafío al que nos enfrentamos depende de nuestra capacidad para imaginar el futuro y establecer objetivos adaptativos a corto, mediano y largo plazo.

Tabla 1. Comparación de agricultorxs convencionales, y productorxs y promotorxs agroecológicxs

Agricultor/a convencional Agricultor/a agroecológicx
Edad 61 años 40 años
Tamaño de la granja  59 cuerdas 5 -10 cuerdas
Proporción hombre / mujer 89/11 40/60
Fuente de ingresos Enfocado en la producción 60 % de producción

Fuente: Para agricultorxs convencionales, Censo Agrícola 2017 (USDA, 2018); para agricultorxs ecológicxs, Instituto para la Investigación y Acción en Agroecología

 

En la agricultura convencional, la principal fuente de ingresos proviene de un alto grado de especialización, de monocultivos de alto valor, y de la inserción en una cadena de distribución nacional o internacional. Por otro lado, lxs nuevxs agricultorxs agroecológicxs son más jóvenes, un porcentaje más alto son mujeres, sus fincas son más pequeñas y tienen múltiples fuentes de ingresos (pluriactividad) (Tabla 1). Lxs productorxs agroecológicxs tienden a tener espacios multifuncionales con alta diversidad de cultivos y una cadena de distribución mucho más corta (local y regional); tienden a priorizar el desarrollo comunitario sobre el desarrollo económico (centrado en los beneficios), y reconocen, como parte de sus labores, la custodia de su entorno cultural y ambiental. Promover la producción agroecológica requiere apoyar cada componente del sistema alimentario y proponer pasos de transición claros para acercarnos a esa meta. 

Sembrar y nutrir el cambio

Nuestro sistema alimentario actual es un sistema en crisis económica, sociopolítica y ambiental. No nutre a las personas, no proporciona un sustento digno para aquellxs que le dedican su trabajo, explota la naturaleza y su propia base de recursos. Para salir de esta crisis agroalimentaria, urge una transformación radical del sistema. Afortunadamente, esta transformación ya ha comenzado, y está siendo sembrada por el movimiento agroecológico en todas sus diversas manifestaciones. La agroecología se centra en economías regenerativas que descentralizan, diversifican y democratizan las actividades económicas dentro del sistema agroalimentario. También busca restaurar la tierra y otras bases de recursos de la agricultura, además, fomenta la resistencia al cambio climático y presta atención a los límites ecológicos de nuestras islas. Para nutrir esa transformación, necesitamos una visión estratégica y un cambio en políticas públicas que apoyen y faciliten una transición. 

Política

Marco jurídico: En la agricultura, abundan leyes e instrumentos de planificación, como resultado del modesto intento en 1941 de una reforma agraria. Es necesario evaluar todas las leyes vigentes que apoyan o promueven la agricultura para comprender los instrumentos que tenemos disponibles y determinar cuáles deben supervisarse o aplicarse y cuáles deben modificarse. En particular, es imperativo comenzar a ver la política pública agraria como una parte integral de la planificación ambiental, no separada de ella. 

El Plan de Uso de Terrenos establece un mínimo de 600 mil cuerdas para la agricultura. Este mínimo debe garantizarse vía reservas agrícolas protegidas y áreas en producción (que actualmente suman menos de 500 mil cuerdas). De estas 600 mil cuerdas, recomendamos comenzar con un mínimo de 150 mil cuerdas para la producción agroecológica bajo una nueva legislación, cuya finalidad sea la distribución a proyectos agroecológicos con una misión de restauración de suelos.

El Departamento de Agricultura históricamente ha percibido la conservación ambiental como una amenaza a la producción agrícola. La agricultura necesita de la biodiversidad para apoyar los procesos ecosistémicos (como polinización, control de plagas, conservación de los sistemas hidrológicos, reciclaje de nutrientes, etc.), y la conservación de los recursos naturales está afectada por la agricultura. Esta interdependencia hace inmediata la necesidad de integrar las funciones del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales y el Departamento de Agricultura para orientar la planificación del país de manera comprensiva, y desarrollar estrategias de manejo a nivel de paisajes agroforestales. Educar sobre cómo funcionan las fincas dentro de las complejas interacciones ambientales y su papel crítico como parte de la planificación del paisaje, debe ser parte de los objetivos educativos del país.

Importaciones: La Ley Jones de 1920 requiere que todos los buques que transportan mercancías dentro y fuera de Puerto Rico sean de construcción, propiedad, tripulación y bandera estadounidense. La estricta implementación de esta ley es responsable en gran parte del alto costo de vida en Puerto Rico. Esta ley debe ser derogada con las salvaguardas necesarias para garantizar derechos laborales y precios base para productos locales. A la vez, se deben incentivar procesos de intercambio de productos, bienes y aprendizaje entre las islas caribeñas para generar adaptaciones y criollizaciones regionales de comidas básicas.  

Incentivar la agricultura a pequeña escala / desincentivar grandes corporaciones: Los incentivos recibidos por las grandes corporaciones de biotecnología podrían desviarse a la producción e investigación agroecológica a pequeña y mediana escala. Se debe considerar, también, la reducción de incentivos a fincas de más de 260 cuerdas, que no sean capaces de proporcionar beneficios sociales más allá de rendimientos económicos. De esta manera, los ahorros e incentivos se canalizan a producción de mediana y pequeña escala o se utilizan para la investigación de producción local. Una revisión de la política pública con respecto a los incentivos sobre la propiedad de terrenos debe ocurrir regularmente, por ejemplo, cada cinco años para evitar coincidir con el ciclo electoral de cuatro años. 

Los acuerdos de manejo con entidades públicas deben fomentar políticas que garanticen áreas mínimas de conservación y producción agroecológica dentro de cada finca y maximizar los espacios multifuncionales en el mosaico a nivel paisajístico. La ley forestal de Brasil –con un 30 % de las fincas reservado para bosque– puede ser referente para estudio y propuestas.  

Las fincas convencionales superan a las fincas agroecológicas en volumen de ventas, solamente mediante la externalización de los daños ambientales (por ejemplo, contaminación e intoxicación por el uso de plaguicidas). La política económica debe reconocer los costos sociales de estas actividades (las externalidades”) e incorporarlas a los precios reales de los productos agrícolas, lo que constituye un incentivo para la protección del medio ambiente, y un desincentivo a la explotación de la tierra. Esto permitirá que los productos de la agricultura convencional reflejen su costo real y, por ende, sean menos competitivos que los productos agroecológicos. Una economía regenerativa circular pondría verdadero valor al medio ambiente asegurándose de que la naturaleza, nuestro principal activo, se conserve para las generaciones futuras. En el contexto de la agricultura, esto se traduce en prácticas agrícolas que restauran los suelos, conservan el agua, neutralizan las emisiones de gases efecto invernadero, conservan la biodiversidad y no contaminan. Las políticas agrícolas deben estimular la producción agroecológica diversa a mediana y pequeña escala fijando subsidios a la conservación del medio ambiente y la calidad de los alimentos producidos, en lugar de la cantidad de producción medida estrictamente en volumen ($) de ventas. 

Las redes de distribución de alimentos deben hacer hincapié en la producción local y redes cortas de productxr a consumidxr, estimulando la proliferación de mercados locales, agricultura apoyada por la comunidad, y otras innovaciones que conecten a lxs productorxs de las zonas rurales con lxs consumidorxs de las ciudades y centros de pueblos de una manera más directa. La cadena de distribución corta, combinada con la ventaja competitiva de los productos agroecológicos y las políticas que benefician a las pequeñas y medianas producciones harían de la agricultura una actividad económica factible y digna que atraería nuevxs agricultorxs. 

Reforma agraria

Se debe realizar una evaluación de las tierras actualmente disponibles en las reservas y en posesión del gobierno. La Autoridad de Tierras y la Administración de Terrenos son dos organismos gubernamentales creados para mantener y distribuir tierras agrícolas para y entre lxs productorxs. En los últimos años, estas agencias han utilizado las tierras a su cargo como una forma de generar ingresos que cubran gastos de un gobierno en bancarrota. Proteger la producción agrícola del vaivén económico a través de la fiscalización de sus funciones y tener la tierra efectivamente distribuida entre lxs agricultorxs la protegerá de corrupción en estas agencias. 

La reforma agraria original distribuyó parcelas de tamaño similar no adaptadas al tipo de terreno o al tamaño de la familia, y fue usada como paraíso fiscal por los grandes propietarios de tierras que aprovecharon la oportunidad para soltar sus peores tierras. La segregación de fincas y la promoción de construcción de viviendas distantes y separadas aceleraron la fragmentación del paisaje agrícola. Las nuevas políticas de reforma agraria deben aprender de los fracasos del pasado. El tamaño del núcleo de trabajo (ya sea una familia o cooperativa) y el tipo de área deben inventariarse y tenerse en cuenta antes de la distribución de la tierra. La creación de un Plan de Reforma Agraria y Uso de Terrenos Agrícola informado por las personas a las que sirve es crucial para una transición justa y exitosa. En otras palabras, la reforma agraria debe ser un proceso participativo.

Ciencia y tecnología

Investigación y desarrollo tecnológico: La investigación debe reformularse integrando a lxs científicxs dentro de la academia con lxs agricultorxs, especialmente aquellxs que tienen una cantidad significativa de conocimientos tradicionales y agroecológicos. Debe ser una prioridad generar investigaciones destinadas a fortalecer nuestro sistema agroalimentario haciendo que la agricultura sea reparadora y resiliente, no sólo económicamente rentable. Es clave adoptar tecnologías adecuadas para las necesidades y realidades de nuestro sector agrícola incluyendo el manejo de aguas y la conservación del paisaje desarrolladas localmente. Igualmente, es importante priorizar las tecnologías intensivas en conocimiento local, en lugar de tecnologías intensivas en capital que atrapan a lxs agricultorxs en deudas impagables. La integración de la ciencia con el conocimiento tradicional que acumulan lxs agricultorxs permite aumentar la velocidad con la que se transfiere dicho conocimiento.  

Recopilación y difusión de datos: Puerto Rico ha perdido gran parte del conocimiento local adaptativo relacionado con la agricultura y los sistemas alimentarios. Además, la velocidad con la que se produce el cambio climático eclipsa el tiempo necesario para recuperar o generar conocimientos ancestrales. Lxs científicxs que trabajan mano a mano con lxs agricultorxs, desempeñan un papel esencial en la transformación del sistema alimentario. Es necesario implementar un programa de recopilación de datos para documentar prácticas agrícolas reales (tanto tradicionales como innovadoras) que funcionen bien, tanto para la producción de alimentos como para la conservación del medio ambiente. Estas prácticas deben promover que la agricultura sea neutral en su huella de carbono y resiliente a cambios climáticos. La sistematización del proceso debe ser mediante una red de agricultorxs que incluya faros agroecológicos, promotorxs y facilitadorxs para difundir prácticas e innovaciones comprobadas. 

Conservación y mejoras de semillas: Se debe alentar y apoyar a lxs agricultorxs para que guarden, desarrollen y compartan semillas de variedades que se adapten a los microclimas únicos y diversos de las islas. En colaboración con científicxs, se debe alentar a lxs agricultorxs a experimentar por medios tradicionales (injertos etc.) para crear nuevas variedades que se adapten a las condiciones cambiantes esperadas. Las ferias de intercambio de semillas podrían facilitar la difusión de semillas desarrolladas por lxs agricultorxs. 

Las Estaciones Experimentales y el Servicio de Extensión Agrícola tenían el deber de custodiar el germoplasma de semillas generadas en Puerto Rico. Sin embargo, el paso del huracán María hizo evidente que los años de crisis fiscal impactaron la capacidad de mantenimiento adecuado de este recurso tan esencial para la agricultura. Recomendamos un reenfoque en la conservación de nuestros recursos genéticos, incluida la conservación de semillas, tanto en fincas como fuera de ellas, y en la cría de plantas y animales. Las variedades comerciales actuales se han creado para la maximización del rendimiento, para ser cultivadas en monocultivos, y conllevan un alto insumo de agroquímicos. Las nuevas variedades deben incorporar otros criterios, como la adaptación al clima (es decir, la sequía y la tolerancia a altas temperaturas), la capacidad de crecer en policultivos, la resistencia a insectos y plagas, etc.

Generación de energía: Las fincas pueden ser una fuente de generación de energía. Cada comunidad debe ser capaz de reducir su huella ecológica mediante el establecimiento de sistemas de producción de energía renovable en micro-red. Las fincas pueden utilizar residuos vegetativos para la producción de energía y la restauración del suelo, a través del compostaje y los biodigestores. En la región montañosa central –donde la mayoría de las fincas son sistemas agroforestales, las microredes se pueden complementar con “syngas” generado a través de la gasificación a pequeña escala de la biomasa, con el beneficio adicional de la producción de biocarbón que se puede volver a aplicar a los suelos y contribuir al secuestro de carbono. Las microhidroeléctricas y pequeñas tecnologías eólicas emergentes integradas en las microredes comunitarias, también pueden proveer energía renovable para el procesamiento de alimentos.

Las baterías de sal y el alumbrado público solar son alternativas de bajos residuos creadas localmente. La tecnología de información puede aprovecharse para conectar a lxs agricultorex y empresarixs agroalimentarixs con lxs consumidorxs y rastrear los productos locales hasta su origen con el fin de proporcionar a lxs consumidorxs más información sobre quién, cómo y cuándo se producen sus alimentos.

Diseño de herramientas: Se debe dar prioridad a las herramientas adecuadas al tamaño y la escala de la operación, incluidos los tractores a escala. Esto requiere incorporar artesanxs para el diseño y producción de herramientas que respondan al tamaño y la topografía escarpada de la región central de Puerto Rico. Las tecnologías probadas y apropiadas, como la tracción animal, deben promoverse a través de intercambios de aprendizaje con agricultorxs locales, así como con agriculrtorxs de otras islas del Caribe.

Reducción de residuos: Se debe alentar a todos los restaurantes y hogares a poner en marcha un sistema de recolección de residuos orgánicos y material reciclable. El material orgánico podría convertirse en composta y regresar a las fincas, devolviendo, así, parte de los nutrientes extraídos del terreno. Siguiendo la metodología llamada “recicloponia”, las comunidades se pueden capacitar y crear propiedades de trabajadorxs que provean el servicio de recogido de residuos orgánicos fermentados y la transformación de estos residuos a composta, generando valor económico y empresas locales.

Economía 

Los mercados de agricultorxs pueden proliferar a medida que se reservan espacios públicos para el intercambio de productos. Las escuelas, residencias de ancianxs y otros lugares con personal justamente pagado para la preparación de alimentos beneficiarán los programas de “finca a mesa” que garantizan productos frescos para nuestrxs consumidorxs más vulnerables y un precio mínimo de venta garantizado para lxs productorxs. 

La transformación del sistema agroalimentario en Puerto Rico también requerirá un cambio a cultivos regionales, como gandul, panapén, frutas tropicales y tubérculos, reduciendo el uso de combustibles fósiles para la transportación de comida entre largas distancias. Las universidades, en colaboración con lxs agricultorxs, pueden desarrollar variedades mejor adaptadas, más resistentes y nutricionales. Se debe fomentar las conexiones directas entre productorxs y consumidorxs, incluidos los restaurantes y empresas de procesamiento y entrega de alimentos, diversificando los niveles de mercado locales, comunitarios, familiares y de restaurantes que pueden utilizar lxs agricultorxs y colectivos de producción para llegar directamente a lxs consumidorxs. Los restaurantes comunitarios pueden facilitar el acceso de alimentos saludables y producidos justamente a las personas a. Los mercados regionales administrados localmente pueden comprar alimentos directamente de las fincas agroecológicas y venderlos a un precio base. La creación de nuevos mercados –donde cada familia pueda comprar las cantidades de productos que necesitan y pagar por peso total, permitiría la reducción de residuos de alimentos y envases, además, aumentaría la accesibilidad de alimentos frescos, locales y producidos de manera sostenible.

Cultura

El despertar cultural del sistema agroalimentario requiere un cambio de dieta que valore nuestras raíces ancestrales. Para fortalecer la conexión entre cultura y alimentación podríamos utilizar el agroecoturismo, por ejemplo, los festivales gastronómicos que ya se organizan a través del archipiélago (Festival del Café, Festival del Plátano, Festival de la China, Festival del Apio). A medida que la administración de terrenos a nivel paisajístico se convierte en parte de las políticas públicas, la estética del paisaje agroecológico se valora como actividad de “producción”. Las comunidades pueden utilizar sus redes culinarias para creaciones innovadoras de platos tradicionales que generen nuevos mercados para los alimentos tradicionales y de producción local. La participación de la comunidad a través de la planificación participativa puede evitar la mercantilización cultural y reforzar un sistema de democracia participativa que destine el poder a la gente.

Las cooperativas de producción y los centros alimentarios pueden incentivarse y crearse utilizando incubadoras de empresas con fondos redirigidos de las grandes empresas biotecnológicas. Los núcleos de producción y cocinas colectivas o comunitarias recogen y procesan productos de las fincas locales. Los centros de alimentos pueden ayudar a lxs agricultorxs con una variedad de formas de valor añadido incluyendo concentrados, frutas secas, salsas, harinas, conservas, tintes para la producción de textiles y tinturas. 

Educación

La agroecología debe estar presente en todos los aspectos de la educación para un sistema alimentario accesible y sostenible; desde escuelas informales que se centran en el intercambio de conocimientos campesinx a campesinx, hasta programas formales nivel K-12 que promuevan una mejor comprensión de la conexión entre la alimentación saludable, el medio ambiente y la sociedad. La transición hacia la educación agroecológica debe ser informada por la recopilación de datos coproducidos entre agricultorxs agroecológicxs, comunidades escolares y universidades locales de cada región. De esta manera, se puede adaptar el enfoque a cada contexto socioeconómico y ambiental. 

Las comunidades escolares incluyendo maestrxs, estudiantes y familias pueden participar democráticamente en la integración curricular, el desarrollo de proyectos prácticos, viajes escolares, trabajo interactivo en el hogar, la selección de la comida del almuerzo escolar, el diseño de huertos escolares y viveros, la producción de composta y la creación de cooperativas estudiantiles. La participación, desde una edad temprana, facilitará la comprensión de la economía colectiva y la importancia de las relaciones con el medio ambiente y la comunidad escolar a lxs estudiantes. 

Las universidades enfocadas en investigación deben hacer hincapié en la sostenibilidad, la agroecología y las economías regenerativas y justas. Para frenar la migración después de la educación superior, lxs graduadxs universitarixs pueden preparar programas de capacitación para la transición a nuevas oportunidades de trabajo, como la construcción de micro redes de energía solar, la administración de terrenos, restauración de suelos, monitoreo de los acuíferos y el uso de tecnologías de información para conectar a lxs agricultorxs entre sí y con lxs consumidorxs. Las universidades locales deben capacitar a agentes de extensión agroecológica para crear un servicio de extensión agroecológica y un programa de educación continua que apoye la innovación de lxs agricultorxs locales y la transición a una producción no extractiva. Como consecuencia, la población en general tendrá un alto nivel de alfabetización alimentaria y agrícola, fomentando la participación cívica en el sistema alimentario y transformando la política pública aplicable.

La expansión de escuelas no formales de agroecología en todo el archipiélago debería llegar a 50,000 estudiantes para el 2050. La asistencia técnica en prácticas agroecológicas se impartiría a través de una combinación de talleres de formación organizados por un Departamento de Agroecología y Sistemas Alimentarios Regenerativos y a través del Movimiento Campesinx a Campesinx2, en coordinación con los diversos programas agroecológicos educativos. Las fincas escuela permitirán a estxs nuevxs agricultorxs agroecológicxs a establecerse, desarrollar mercados y generar suficiente capital para obtener un espacio propio. 

Sembrando comunidad

La formación agroecológica, junto con este acompañamiento técnico, inspirará a una nueva generación de personas listas para trabajar la tierra. Mediante una Reforma Agraria participativa, se distribuirán 600 mil cuerdas entre aproximadamente 25,000 mil pequeñxs agricultorxs familiares y estas familias tendrían la capacidad de producir el 65 % de los alimentos consumidos en el archipiélago. Lxs agricultorxs producirán diversidad de alimentos saludables para las cocinas comunitarias, cafeterías escolares y restaurantes, asegurando acceso a alimentos saludables preparados para familias de bajos ingresos. 

Las comunidades agrícolas que practican la agroecología generarán diversos paisajes multifuncionales que no sólo proporcionarán alimentos saludables, sino que también enfatizarán la restauración del medio ambiente, la conservación del agua y la resiliencia climática. Estos paisajes multifuncionales facilitan actividades estéticas y de ocio para todos, potenciando el turismo local e internacional que fortalecería las economías de las comunidades sin actividades explotadoras y consumistas. A medida que nuestra tierra liberada produzca alimentos que nutran el cuerpo y el alma de nuestra gente, comenzaremos a ser verdaderamente libres.

Notas

  1. Por externalidades nos referimos a los impactos negativos al medioambiente, la salud y el bienestar social, de las actividades económicas. En vez de ser considerados internamente en los costos de operación de dichas actividades, estos impactos se externalizan o socializan al resto de la sociedad. Por ejemplo, la agricultura industrial conlleva el uso de pesticidas y yerbicidas, afectando la salud de quienes trabajan allí, así como de quienes viven cerca y/o beben el agua contaminada, lo cual redunda en costos para el sistema de salud, que son pagados por lxs propixs trabajadorxs y por la sociedad entera por medio de impuestos, pérdida de productividad laboral, entre otras. Además, la agricultura industrial es uno de los principales sectores en generación de emisiones de gases efecto invernadero, que causan el cambio climático, con todos los impactos a nuestra sociedad ya conocidos. Ninguno de esos impactos es costeado por las empresas que causan estos daños.
  2. Sobre este movimiento, véase Holt-Giménez (2006)

Referencias

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Febles, N. Á., & Félix, G. F. (2020). Hurricane María, agroecology, and climate change resiliency. En B. Tokar y T. Gilbertson (Eds.), Climate Justice and Community Renewal: Resistance and Grassroots Solutions (pp. 131-146). Londres: Routledge.

Gould, W.A., S.J. Fain, I.K. Pares, K. McGinley, A. Perry, and R.F. Steele (2015). Caribbean Regional Climate Sub Hub Assessment of Climate Change Vulnerability and Adaptation and Mitigation Strategies. United States Department of Agriculture, pp.. 67.

Guptil, A. (2008) Infertile ground: The struggle for a new Puerto Rican Food System. En Wright, W., & Middendorf, G. (Eds), The Fight Over Food: Producers, Consumers, and Activists Challenge the Global Food System. (pp. 203-224) Rural Studies, Penn State University Press.

Holt-Giménez, E. (2006) Movimiento Campesino a Campesino: Linking Sustainable Agriculture and Social Change. Food First Backgrounder, Vol. 12, Num. 1. URL: https://foodfirst.org/wp-content/uploads/2013/12/BK12_1-Campesino-a-Campesino.pdf

Junta de Planificación (2015) Plan de Uso de Terrenos.  

McCune, N., Perfecto, I., Vandermeer, J., & Vásquez, K. A. (2018). Disaster colonialism and agroecological brigades in post-disaster Puerto Rico. ERPI 2018 International Conference Authoritarian Populism and the Rural World, The Hague, Netherlands.

McCune, N., Perfecto, I., Avilés-Vázquez, K., Vázquez-Negrón, J., & Vandermeer, J. (2019). Peasant balances and agroecological scaling in Puerto Rican coffee farming. Agroecology and Sustainable Food Systems, 43(7-8), 810-826.

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