Postfacio: Caminando con las organizaciones construyendo movimiento en Puerto Rico

Texto
Jovanna García Soto,
Grassroots International

Arte
Camilo Carrión / Taller La Yunta

Postfacio: Caminando con las organizaciones construyendo movimiento en Puerto Rico

Caminar con los movimientos sociales y organizaciones de base comunitaria del archipiélago de Puerto Rico ha sido la llama para fortalecer mi disciplina de esperanza. Experimenté una afirmación de esta esperanza al pasar las páginas de los distintos ensayos que componen este libro. La imaginación radical de diversos movimientos ha permitido crear, en un escenario plagado de imposibles, espacios de libertad y autodeterminación.

Esta esperanza no es un sentimiento nuevo, nace de una resistencia histórica que ha enfrentado múltiples crisis (económica, política y climática) enraizadas en el colonialismo y sus violentas formas neoliberales, racistas y patriarcales. Las comunidades y los movimientos sociales de primera línea han estado resistiendo al sistema extractivo y opresivo, y asumiendo el compromiso de permanecer en Puerto Rico independientemente de las condiciones económicas y políticas. Han estado luchando contra el sistema colonial y el gobierno corrupto, exigiendo la libertad de los presos políticos, defendiendo importantes ecosistemas y los bienes comunes de la naturaleza, y organizándose contra la minería, la militarización, la imposición de organismos genéticamente modificados (OGM), y otros intereses corporativos de la agroindustria y los combustibles fósiles. Más recientemente, se han organizado contra La Junta y PROMESA, las medidas de austeridad y la privatización de los servicios públicos, entre otras.

En este particular momento político, económico y ecológico y sus múltiples crisis, los grupos de base y los movimientos sociales más impactados han tenido que asumir la difícil tarea de ser los primeros en responder ante la violenta y mortal negligencia del gobierno local y de Estados Unidos.  Se han organizado con gran valentía, tomando estas crisis como una oportunidad para descolonizar las mentes, cuerpos y territorios, y ganar más poder pal’ pueblo. Son los que resisten, proponen y trabajan día tras día por una recuperación justa y una reconstrucción sostenible a largo plazo, confrontando la idea de reconstrucción de lo viejo que reproduce la opresión y que puso al pueblo en una posición tan vulnerable en primer lugar. 

A lo largo de este trayecto histórico, con sus altas y bajas, como en el mar alborotao’ que es vivir en la colonia, se ha estado construyendo y fortaleciendo la resistencia, y al mismo tiempo trabajando incansablemente en condiciones extremadamente precarias para crear sistemas alternativos regenerativos basados en la autogestión colectiva.

Como bien lo explica este libro, la Transición Justa es una de esas alternativas sistemáticas que ha sido propuesta por los grupos de base de Estados Unidos, centrados en su contexto. Existen distintos marcos de sistemas alternativos creados por movimientos sociales de América Latina, el Caribe y otras partes del mundo sobre todo desde perspectivas Indígenas, Afrodescendientes y campesinas.  Es notable cómo en nuestro contexto colonial algunos movimientos sociales puertorriqueños utilizan otros términos o el término transformación justa, especialmente como forma de enfatizar la necesidad de lograr la descolonización, la soberanía y autodeterminación como parte de cualquier transición.

En la coyuntura actual de Puerto Rico las herramientas de lucha y construcción desde abajo para esa transición/transformación han colocado la soberanía territorial, alimentaria y energética en el corazón del deconstruir, reconstruir, recuperar y reimaginar Puerto Rico. Es importante destacar el rol central del feminismo de base que está movilizando e impulsando agendas holísticas y explícitas antipatriarcales, antirracistas, anticapitalistas y antiimperialistas.  Con un trabajo de recuperación del cuerpo como primer territorio y las luchas contra las múltiples violencias incluyendo las perpetradas por el estado y las sistemáticas enredadas en todos los niveles y aspectos de la vida. Una fuente constante de inspiración del feminismo de base es la solidaridad más allá de las identidades y fronteras, y la alegría de la lucha colectiva. Me han revelado que la liberación de las mujeres, las personas queer, trans y no binarias está intrínsecamente ligada a la liberación de todos los pueblos oprimidos.

Hemos tenido el privilegio de aprender de las lecciones que nos presenta este libro sobre distintos contextos que enfrenta el archipiélago y lo que implica la construcción de estos sistemas alternativos y una recuperación justa real dirigida por las comunidades. Vemos claramente cómo estas alternativas son lo opuesto a las soluciones falsas impuestas por el capital global que continúan en la retórica de acumulación a través del despojo del territorio.  

Me queda claro que para adelantar este cambio sistemático se requiere una redistribución de los recursos y del poder, con las comunidades de primera línea determinando su futuro y construyendo una economía solidaria visionaria para la vida. 

Esta economía regenerativa busca transformar el sistema capitalista dominante, así como otros sistemas autoritarios dominados por el Estado, en uno que ponga a las personas y la naturaleza en el centro. Asimismo, para algunos movimientos es una forma de ganar autonomía y reducir la dependencia de los recursos externos, para poder aplicar libremente una agenda transformadora en Puerto Rico y evitar las agendas impuestas por los sectores más poderosos. Algunos ejemplos de estas falsas soluciones  son politicas publicas basadas en el mercado y creación de paraíso fiscal, tecnología energética que depende de diversas fuentes de combustible fosil importados y de líneas de transmisión vulnerables, privatización, plan para pagar deuda impuesto por la junta, agricultura industrial entre otras.

Algo que he aprendido en mi caminar y que se refleja en los distintos análisis del libro es que la emancipación es necesaria para determinar nuestro destino como pueblo y que movimientos sociales y comunidades en el frente son la columna vertebral de ese proceso transformador.  La resistencia, movilización, autogestión y apoyo mutuo seguirán siendo esenciales para esa transformación. Algo que se destaca en mi aprendizaje con movimientos en Puerto Rico y otros lugares de nuestra América Latina es como ponen al centro la dignidad como un compromiso que trasciende el riesgo a no existir. El Movimiento de los Trabajadores sin Tierra en Brasil y el movimiento Zapatista en México nos han enseñado que la lucha por la defensa de la tierra y territorio, y producción de alimentos genera poder colectivo autónomo que crea estrategias políticas distintas, produce cambios revolucionarios y comienza arar el camino hacia la autodeterminación. Sin embargo, esto solo ocurre cuando nos organizamos y nos formamos políticamente. Una tarea permanente que no se puede separar. No se puede hacer lucha sin formación, ni formación sin lucha. Paralelo a esta reflexión me han enseñado que la esperanza, que a veces cuesta mantener en estos tiempos, se traduce en solidaridad permanente y en la búsqueda de nuestro nicho de lucha en el colectivo para no claudicar en este largo camino de liberación. 

Pasando cada página, admirando el arte poderoso y con cada lectura, imaginaba las semillas ancestrales de resistencia que cada día germinan en nuestro suelo posibilitando la existencia y permanencia en nuestro territorio, ¡libre!